Caminar la ciudad con nombre propio
De Pata de Perro no nació como estrategia, ni como contenido, ni como marca. Nació como nacen las cosas que perduran: en una conversación sin prisa, en un lugar que no pretendía ser escenario y terminó siéndolo. Fue en 2023, en el Hotel Central Boutique, cuando Cassandra y Martell descubrieron que compartían algo más que gustos: compartían una forma de mirar.

Cassandra venía de la nutrición, de una relación consciente con la comida y la experiencia gastronómica. Martell, del mundo de los restaurantes, los eventos y la vida nocturna. Dos intereses distintos que, al encontrarse, no compitieron: se complementaron. Entre recomendaciones espontáneas y descubrimientos compartidos apareció una certeza sencilla pero poderosa: juntas podían narrar la ciudad desde un lugar honesto, propio y sin concesiones.
El origen de una mirada compartida
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Desde el inicio, De Pata de Perro se negó a reducirse a la comida. Chihuahua —y el estado entero— merecía una lectura más amplia: lugares, planes, experiencias, momentos. La ciudad como se vive, no como se vende.
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El nombre llegó de forma natural, heredado de una frase dicha con cariño: “siempre andas de pata de perro”. Una expresión que terminó por nombrar una filosofía completa de movimiento, curiosidad y atención.
Recomendar también es una forma de responsabilidad

La confianza no se negocia.
En un ecosistema saturado de recomendaciones pagadas y entusiasmo forzado, De Pata de Perro decidió ir a contracorriente. No por rebeldía, sino por experiencia. Construyeron un tono cercano, estético y honesto, donde la credibilidad es el límite más claro.
No recomiendan lo que no consumirían. No suavizan experiencias para cumplir acuerdos. Prefieren perder una pauta antes que perder confianza. Visualmente, el proyecto se mueve entre tacos callejeros y mesas bien puestas, entre cafés tranquilos y celebraciones ruidosas, sin jerarquías ni poses.
Hoy, el proyecto comienza a imaginar su siguiente etapa con la llegada a YouTube, no como cambio de formato, sino como una búsqueda de mayor profundidad narrativa. Crecer sin perder el pulso. Caminar sin pedir permiso. Disfrutar el trayecto tanto como el destino.