
Hay historias que se explican. Otras, como Demencia, se experimentan.
El cortometraje dirigido por Fausto Tovar se adentra en un territorio incómodo: la mente de alguien que ha dejado de distinguir entre deseo y realidad. Otto, su protagonista, no solo observa, no solo quiere —obsesiona. Y en esa obsesión, el tiempo deja de avanzar para convertirse en un ciclo que se repite sin descanso.
No hay diálogos que orienten al espectador. No hay explicaciones que suavicen lo que ocurre. Todo se construye desde la imagen y el sonido: encuadres que aprietan, música que pulsa como una presencia constante, acciones que parecen regresar una y otra vez al mismo punto.
El lenguaje del desasosiego
Demencia apuesta por un lenguaje cinematográfico que prescinde de lo evidente. Cada elemento —la iluminación, el ritmo, el diseño sonoro— está pensado para generar una experiencia más que una narrativa lineal.
La ausencia de palabras no es un vacío, sino una decisión. Obliga a mirar con más atención, a sentir con mayor intensidad. A preguntarse, constantemente, qué está ocurriendo dentro de Otto… y qué parte de eso podría no tener salida.
El resultado es una tensión que no explota, sino que se acumula.
Crear desde lo incómodo
El proyecto nace de una inquietud clara: hablar de aquello que pocas veces se aborda abiertamente. La salud mental, la obsesión, la pérdida del control. Pero en lugar de hacerlo desde el discurso, Demencia lo traduce en una experiencia sensorial, cruda, sin concesiones.
Su proceso de realización fue tan exigente como su propuesta. Filmado a lo largo de varios meses, entre verano y otoño, el equipo enfrentó limitaciones de tiempo, locaciones y coordinación. Sin embargo, esa misma presión terminó por alimentar la intensidad del resultado.
Cada integrante aportó desde su trinchera: desde la dirección y fotografía de Fausto Tovar, hasta la interpretación de Diego Borja como Otto, quien además participó en el guion y la producción. El diseño sonoro, el maquillaje y la construcción visual terminan de sostener un universo donde todo parece avanzar… pero en realidad está atrapado.
Un punto de quiebre
Para el equipo, Demencia representa algo más que un cortometraje: es una afirmación. La prueba de que se puede crear desde lo incómodo, desde lo arriesgado, sin suavizar el mensaje.
También marca un paso firme hacia lo que sigue. Con nuevos proyectos en desarrollo —incluido un largometraje de corte paranormal—, el colectivo Murciélago Wizard busca expandir su lenguaje y llevar sus historias más allá del contexto local.
Porque si algo deja claro Demencia es que el cine, cuando se atreve, no necesita explicarlo todo.
A veces basta con hacerte sentir que no hay salida.