
PERSPECTIVA : LA CAPTURA DE NICOLÁS MADURO
Estados Unidos, al entrar por la fuerza en Venezuela, rompió protocolos internacionales, sí. P
ero los protocolos existen solo para los Estados, no para mafias terroristas con bandera. Maduro no gobernó: administró un territorio capturado por el narcotráfico, el crimen organizado y potencias hostiles a Occidente. El legado de corrupción de Maduro está ampliamente documentado por las autoridades internacionales, pero por alguna razón el mundo optó por quedarse con los brazos cruzados.
Bajo Maduro, Venezuela pasó de ser la más grande potencia petrolera a una ruina humanitaria. Más de 7 millones de venezolanos huyeron del país. La inflación pulverizó el salario, el hambre se normalizó y el quejarse se paga con cárcel. No hay elecciones libres, no hay prensa independiente, no hay Estado de derecho. La soberanía ya fue violada —pero por Cuba, Irán, Rusia y los cárteles— mucho antes de cualquier bota estadounidense.
La captura de Maduro no es un acto imperialista: sería una operación de limpieza internacional. Cuando un régimen se convierte en amenaza regional, en narcoestado y se premia a quien quebranta la ley, la no intervención deja de ser principio y se vuelve complicidad. En la divina comedia, Dante Alighieri no reserva el peor círculo del infierno para el violento ni para el hereje, sino para el traidor. No para quien se equivoca, sino para quien rompe un vínculo sagrado: la lealtad
Es importante recordar que la historia siempre se encarga de castigar al culpable, en este caso a quien grite “libertad” mientras un país entero fue secuestrado.