EDICIÓN ESPECIAL ANTI-SAN VALENTÍN.
Durante años, estas historias se leyeron como romances, no por que lo fueran,
sino por que así nos enseñaron a mirarlas, no eran historias de amor: Eran
advertencias.
¿Cuál es el patrón entre estos personajes? Personas que se adaptaron a su
época y una cultura que sigue llamandolo “romance”.
1. Catherine Earnshaw y Heathcliff de “Cumbres Borrascosas”.
Y no… Heathcliff no se parece a Jacob Elordi.
Su historia no representa el amor eterno: representa el ejemplo clásico de cómo la
cultura confundió obsesión, posesión y destrucción y la romantizó romantizada
durante generaciones.
2. Anna Karenina
“Amar hasta desaparecer”.
Anna es la antecesora de muchas narrativas actuales: mujeres que deben sufrir
para amar de verdad, historias donde el amor lo justifica todo, romances que
confunden intensidad con destrucción.
3. Esther Greenwood de “La campana de cristal”.
El obligar a alguien a ser feliz, también es una forma de violencia. El personaje
que incomoda porque no quiere fingir que está bien.


4. Daisy Buchanan y Jay Gatsby de “El Gran Gatsby”
“Elegir comodidad no es amar”.
Eligieron sobrevivir dentro de un sistema que premia el silencio y el lujo. Durante
años nos dijeron que Daisy era el gran amor de Gatsby; pero, Daisy no ama a
Gatsby, ama lo que él representa.
5. Marianne Sheridan de ”Normal people”.
“Aguantar no es intimidad”.
El dolor no vuelve profundo al amor, sólo lo vuelve peligroso. En el libro, cree que
el amor se demuestra quedándose, incluso cuando duele.
Cierre
No toda historia romántica debería ser aspiracional, tal vez amar mejor empieza
por dejar de romantizar lo que nos rompe.
Por: Abigail Jiménez
@abichuela_lectora