

El mundo está sumergido en tensiones constantes. Las grandes potencias están cada vez más dispuestas a un conflicto directo. Pero apuesto a que nunca habías pensado en el papel que el espacio juega en todo esto.
El espacio es fundamental. No solo en la exploración o los avances científicos y tecnológicos; en los últimos años ha quedado claro que también es una pieza clave en la estrategia política y global. Y las grandes potencias lo saben. Todas están intentando ganar esta nueva carrera espacial.
Rusia tiene en órbita un satélite capaz de inutilizar satélites enemigos. China invierte miles de millones de dólares en desarrollo espacial, incluyendo tecnologías con fines militares. Y Estados Unidos creó la Fuerza Espacial, que forma parte de su ejército. Su misión es proteger los intereses de EE.UU. en el espacio. Y sí, sus miembros son llamados guardianes. Increíble, pero cierto: el espacio ya es un tema militar.

En 2020, Estados Unidos y la NASA lanzaron los Acuerdos de Artemis. En resumen, los países firmantes se comprometen a usar el espacio de manera pacífica y en beneficio de todos. Hasta ahora, 55 naciones han firmado. Pero —sorpresa— China y Rusia no están entre ellas.
Y eso no es un detalle menor. Una parte esencial de estos acuerdos es la exploración de la Luna, y China ha dejado claras sus intenciones de hacer lo mismo.
El año pasado, el jefe de la Fuerza Espacial de EE.UU., el general Chance Saltzman, advirtió durante una gira por Europa que un conflicto en el espacio ya no es solo teoría.
Y lo más interesante es que muchos de los grandes avances en este terreno no vienen de gobiernos, sino de empresas privadas. El ejemplo más claro: SpaceX. La empresa de Elon Musk trabaja en conjunto con el ejército estadounidense a través de su división Starshield, una red militarizada de satélites Starlink diseñada para tareas como comunicación, vigilancia e inteligencia.
Pero, por si lo habías olvidado, Elon Musk —dueño de SpaceX— y Donald Trump — presidente en funciones cuando se creó la Fuerza Espacial— no atraviesan precisamente su mejor momento. Otro ingrediente más en esta mezcla de intereses, poder e incertidumbre.
Siempre hemos asociado el espacio con la ciencia o la fantasía. Es curioso cómo esos dos extremos —lo real y lo imaginario— se cruzan en este escenario. Pero ahora hay un tercer elemento: la estrategia militar y económica. Y eso lo cambia todo.
Alex M. S.
Lectores de la mesa redonda